Historia

Historia y Patrimonio

Siglos de fe, servicio y tradición militar

Procesión en Empel con la Tabla, 8 de diciembre de 1585

Procesión en Empel con la Tabla · 8 de diciembre de 1585

La Tabla de Empel

En diciembre de 1585, durante la Guerra de los Ochenta Años, el Tercio Español liderado por Francisco Arias de Bobadilla enfrentó una situación desesperada en la isla de Bommel: rodeados por la escuadra enemiga y con el campamento inundado, solo quedaba seco un pequeño montecillo en Empel. Rechazada la rendición, un soldado que cavaba una trinchera encontró una tabla con la imagen de la Virgen María. El Maestre Bobadilla interpretó el hallazgo como señal divina.

«Caminaron sobre el río helado al amanecer del 8 de diciembre y obtuvieron la victoria.»

Un viento frío inusual heló el río Mosa, permitiendo a los españoles atacar sorpresivamente al enemigo. Desde entonces, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios de Flandes; su patronazgo oficial se consolidó en 1892.

La réplica exacta de la Tabla que conservamos en nuestra capilla fue realizada y pintada por militares españoles para una recreación histórica en el mismo lugar del milagro. Posteriormente fue depositada en nuestra parroquia, ante la cual rezamos como si de una reliquia se tratase.

La Tabla de Empel, imagen de la Virgen María hallada en 1585

La Tabla de Empel

El Teniente Ruiz

El teniente Don Jacinto de Ruiz y Mendoza fue uno de los defensores del Parque de Artillería de Monteleón durante el alzamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Junto a Daoiz y Velarde resistió la embestida de las tropas napoleónicas hasta caer herido. Negándose a abandonar la lucha, rechazó el cuidado médico y continuó combatiendo en la campaña contra los franceses. Su salud no resistió: falleció el 13 de marzo de 1809 y fue enterrado en Badajoz.

Años más tarde, el Regimiento de Infantería Soria 9 recuperó parte de sus restos y los trajo a Fuerteventura para custodiarlos en la capilla castrense, donde permanecen como símbolo de la memoria y el honor militar de la unidad.

«Parte de sus restos reposan en nuestra capilla, custodiados como el mayor tesoro que tiene nuestro Regimiento.»

La Gesta de Baler

El 1 de julio de 1898, una guarnición española al mando del capitán Saturnino Martín Cerezo quedó sitiada en la iglesia de Baler, en Filipinas. Convencidos de que la resistencia era su deber, rechazaron cada intento de rendición. Lo que no sabían era que en diciembre de ese mismo año España había firmado el Tratado de París, cediendo las Filipinas a Estados Unidos. La guerra había terminado, pero ellos siguieron combatiendo.

«337 días resistiendo, sin saber que la guerra ya había terminado. Los últimos de Filipinas.»

Cuando Martín Cerezo finalmente recibió la noticia y capituló en junio de 1899, los supervivientes fueron recibidos en España no como vencidos, sino como héroes. Entre aquellos hombres se encontraba Eustaquio Gopar, un majorero que había cruzado medio mundo para defender una posición que ya no existía en ningún mapa. Sus restos descansan aquí, en Fuerteventura.

La tierra de la puerta de la iglesia de Baler que custodiamos en nuestra parroquia nos une a esos hombres que, lejos de su tierra y sin saberlo, fueron los últimos en rendirse.

Infantes del Regimiento Soria 9 portando el Cristo de la Buena Muerte en la Procesión del Encuentro

Infantes del Regimiento Soria 9 portando el Cristo en la Procesión del Encuentro

El Cristo de la Buena Muerte

El Cristo de la Buena Muerte es una talla venerada en la tradición de la Legión Española como símbolo de protección y entrega total antes del combate. Su devoción nació en el norte de África, donde los legionarios rezaban ante él en vísperas de cada operación. En 1975, tras la Marcha Verde y la descolonización del Sáhara, el III Tercio de la Legión «Don Juan de Austria» fue trasladado a Fuerteventura. Con ellos llegó la imagen, que quedó bajo la custodia de la parroquia castrense de la Inmaculada Concepción.

Desde entonces, cada Miércoles Santo, los infantes del Regimiento de Infantería Soria 9 lo sacan en procesión con rigor y pompa militar. La Procesión del Encuentro recorre las calles de Puerto del Rosario convertida en uno de los actos de Semana Santa más singulares de Canarias: soldados en formación, bandas militares y una devoción que no distingue entre fe religiosa y orgullo de unidad.

«Los miércoles santos, con pompa militar, los infantes del Regimiento Soria 9 lo llevan a hombros con un estilo que enciende la devoción en cada mirada.»

La procesión es un capítulo vivo de la historia de la isla: la memoria del soldado que parte, la oración del que espera, y la talla que lo ha acompañado todo.